«Antes no hubiera importado un debate entre intelectuales»


Forster y Sarlo, durante una entrevista.

El filosofo Ricardo Forster dialogó con ElArgentino.com y analizó la emisión de 6, 7 y 8 que lo tuvo como principal interlocutor de Beatriz Sarlo. Explicó que lo importante del show es que «se generen discusiones de esta naturaleza». Lo que dijo Sarlo.


Por Santiago Eguía

A tres días de su emisión, la participación de Beatriz Sarlo en 6, 7 y 8 continúa generando un debate acalorado tanto en televisión como en radio, redes sociales y portales de noticias. En diálogo con ElArgentino.com, Ricardo Forster, principal interlocutor de la ensayista durante la transmisión, analiza los alcances del programa.

Uno de los análisis generalizado que se dio del debate en radio, televisión, medios gráficos e internet fue que había vencedores y vencidos, tanto del lado de los simpatizantes de la escritora como del lado de los del programa. Según el filósofo, esta es una «lectura reduccionista» que «es propia también de la lógica espectacular que emana de los medios audiovisuales en general».

Además, destacó que lo importante no es la lógica pugilista, sino que «se generen discusiones públicas de esta naturaleza. Esto habla muy bien de lo que viene sucediendo en la Argentina en estos años. En otro contexto argentino, a nadie le hubiera importado una discusión entre intelectuales».

Respecto de lo que mencionó Sarlo durante el programa, sobre que sus palabras podían verse recortadas en futuros informes de 6, 7 y 8, Forster explicó que la ensayista «también recorta cuando elige un modo de describir lo que está sucediendo o cuando elige una manera de definir lo que es un medio de comunicación».

ElArgentino: ¿Qué le parece que 6, 7 y 8 utilice fragmentos recortados de la intervención Sarlo?

Ricardo Forster: Eso es inevitable. Ahí hay una astucia de Sarlo que es colocarse en el lugar de una suerte de visión total o universal de lo que está aconteciendo. El montaje es tan viejo como el cine y después la televisión. No existe algo que salga en crudo y que sea capaz de mostrar, al mismo tiempo, todo. Siempre hay decisiones, siempre hay recortes, siempre hay un modo de darle forma a lo que se está tratando de decir. Beatriz Sarlo también recorta cuando elige un modo de describir lo que está sucediendo o cuando elige una manera de definir lo que es un medio de comunicación. O cuando prefiere discutir sobre Chiche Gelblung, diciendo que es simplemente una decisión empresarial ( de Radio Mitre) que no tiene ninguna connotación ideológica. Que a la tarde también están quienes, supuestamente, son antípodas del pensamiento de Chiche Gelblung. También está recortado y está construyendo una definición política e ideológica, incluso. Yo creo que 6, 7 y 8 no esconde el modo como presenta aquello que quiere poner en debate. No esconde sus armas, mientras que otros espacios si las esconden. Dicen dar cuenta de la realidad. Dicen ser independientes. Dicen que expresan lo que el sentido común de la gente siente. Y son grandes constructores de sentido común y de opinión pública. Yo no pondría en cuestión la decisión estético – política de 6, 7 y 8. Ellos tienen todo el derecho del mundo y es lo que vienen haciendo desde el comienzo, de articular un tipo de descripción de la escena actual como lo hacen ¿no? Me parece que está bien.

EA: ¿Cree que fue positiva la invitación a Sarlo de 6, 7 y 8?

RF: Yo creo que sí. A ver, positivo en el sentido de que se invitó a alguien que no comulga con la mirada del programa. Se demostró apertura, pluralismo. Se generó un debate muy interesante que a su vez repercutió muy fuerte en la escena argentina. Desde ese lugar me parece que fue un buen debate y estuvo muy bien la decisión de 6, 7 y 8 de invitar a Beatriz Sarlo. Y hay que decir que desde hace tiempo que desde 6, 7 y 8 se busca invitar a personas que están adscriptas genéricamente a la oposición y algunos han aceptado. Me parece bien y me parece bueno que Beatriz Sarlo haya aceptado. Y se dio un debate en geral, salvando algún chisporroteo, que fue respetuoso.

EA: ¿Cree que desde otros sectores que no sean oficialistas deberían acudir más al programa si hay invitación?

RF: Estaría bien. Yo creo que 6, 7 y 8 constituye un fenómeno muy fuerte y muy interesante de la televisión. Es un rara avis dentro de la televisión. Que ha generado discusiones, defensas apasionadas, críticas apasionadas, no pasa desapercibido. Creo que la novedad fue que 6, 7 y 8 invitó a Beatriz Sarlo y Beatriz Sarlo fue al programa. A ver, ha habido debates en otros espacios. Recuerdo que TN invitó hace poco a Beatriz Sarlo y Horacio Gonzáles y no hubo ningún tipo de repercusión en particular. Me parece que allí lo que se está poniendo en evidencia es que 6, 7 y 8 tiene adentro suyo una propuesta que al menos ha conmovido a las formas tradicionales de hacer televisión política en Argentina, y ahí está también lo relevante.

EA: ¿Usted cree, como dijo Sandra Russo el día del programa, que los panelistas de 6, 7 y 8 estuvieron pintados?

RF: Yo no lo diría de ninguna manera así. Me parece que cae de maduro que si se produce una invitación de esa naturaleza, las intervenciones de Beatriz Sarlo iban a ser intervenciones largas. Iba a ser el centro de parte del programa e iba a haber respuestas, de parte mía obviamente, y también se invitó a Gabriel Mariotto y Mariotto también participó. Entonces, ahí quizás se produjo una concentración en las intervenciones que fue más fuerte por parte de los tres invitados que los que son panelistas habituales de 6, 7 y 8. A veces las cosas se dan así. Escuché por allí algunas referencias que, personalmente, no me gustan nada. Si hay lenguaje académico versus lenguaje periodístico. Me parece que no se trata de eso. Lo rico de 6, 7 y 8 es la mezcla, la diversidad. Que no por provenir de la universidad se construya un lenguaje cerrado y no por provenir del periodismo se construya un lenguaje que es inteligible para todos. Es una mezcla. Hubo otros programas de 6, 7 y 8 donde también se produjeron debates fuertes. Recuerdo el que me tocó participar con Robert Cox (ex director de Buenos Aires Herald), que también estuvo Eduardo Aliverti. Y otros debates que los he visto por televisión que se dieron en 6, 7 y 8. Este estuvo demasiado calentado previamente ¿no? Se generó demasiado revuelo a su alrededor y después tuvo repercusiones también muy grandes.

EA: ¿Hubo ganadores y perdedores como se analizó posteriormente?

RF: Yo creo que es parte de una lectura que tiende a ser muy reduccionista y que es propia también de la lógica espectacular que emana de los medios audiovisuales en general. Tiene que haber contrincantes, pugilato, ganador y perdedor. Yo no lo colocaría de ninguna manera en ese plano. Diría: ‘Que bueno que en la sociedad argentina, en este contexto, en este momento, se generen discusiones públicas de esta naturaleza’. Esto habla muy bien de lo que viene sucediendo en la Argentina en estos años. En otro contexto argentino, a nadie le hubiera importado una discusión entre intelectuales o gente que puede ser del mundo universitario o del mundo cultural, del periodismo, los medios. Hubiera pasado desapercibido como uno de los tantos programas que hay. Que algo fuerte esté generando es porque hay una reconstrucción de la vida política, del debate de ideas, y eso tiene muchísimo que ver con las trasformaciones que se están dando en la Argentina de hoy. Este es un punto me parece que decisivo. Más allá si uno tiene mayor astucia para colocar una palabra justa en ritmo televisivo y el otro que quizás está argumentando como más complejamente no alcanza a decir la palabra justa. Esto es un problema menor. Me parece que lo interesante es si se plantearon miradas, perspectivas, si se debatió desde lugares que no son coincidentes y que está bien que no sean coincidentes porque hay miradas diferentes respecto a qué sociedad, qué proyecto, qué se piensa del Gobierno, etcétera, etcétera.

EA: ¿Cuál es el mejor medio de comunicación para este tipo de debate?

RF: Depende. Yo creo que siempre es mucho mejor si cada uno de nosotros pudiese escribir algo y discutir a partir de las escrituras, que siempre requieren más tiempo, más reflexión, una argumentación de más largo aliento. Pero también es cierto que vivimos en una sociedad donde el papel de los medios audiovisuales, de la televisión particularmente, es muy fuerte. Tiene una capacidad de llegada inmensa. Y que una parte importante de la vida pública y de la vida íntima de las personas pasa por su vínculo con la televisión. Por lo tanto, no me parece mal que los debates y si son debates que intentan ser de altura, que no intentan solamente construirse con chicanas o con signismos vacíos, encuentren una caja de resonancia en la televisión. La verdad es que eso no está nada mal. Eso no significa que sea mejor el debate televisivo que el debate en una revista o el debate a través de libros. Son distintos. Implican distintas estrategias. Distintas posibilidades. Y a mí me parece bien que, en la medida en que la televisión puede llevar a un público más amplio una discusión de esta naturaleza, me parece muy bien que haya sido la televisión, en este caso la televisión pública la que llevó adelante un debate como este.