Fue tras más de 30 días de conflicto. Moño Azul, la principal exportadora de fruta fresca del país, suspendió el personal y aseguró que si no aceptaban el recorte no se iba a garantizar la “sustentabilidad” de la empresa, de la que dependen 300 familias. El ajuste representa un recorte de hasta el 30% de los ingresos: «Juegan con la necesidad de la gente”.
Todo empezó con el sueldo de febrero, que debían pagar el 5 de marzo. “Cuando fuimos a cobrar, estaba solamente el sueldo, pero nos faltaba la productividad, que la sacaron así, sin avisar”, relata Alejandro “Jano” Lagos, delegado sindical en el galpón Moño Azul del Grupo Prima, que funciona desde hace años en Villa Regina, en la margen sur de la ruta 22.
Ese hecho fue el disparador de un conflicto de casi 30 días, que incluyó el bloqueo de portones para impedir la salida de camiones con fruta hacia el puerto, y la decisión de la empresa de terminar la temporada antes de tiempo si no lograba imponer un recorte del 50% en el concepto de productividad, que representa casi el 40% del ingreso de bolsillo de un trabajador del empaque.
Ya con el conflicto en desarrollo, la empresa presentó al municipio de Villa Regina sus explicaciones. En un escrito señalaron que lo que están cuestionando es un convenio del año 2002, el cual consideran “desactualizado” a la luz de los cambios tecnológicos ocurridos en los galpones. Para garantizar la “sustentabilidad” de la empresa, de la que dependen 300 familias, optaron por un recorte en ese ítem salarial.
Según el portal Más Producción, la semana pasada firmaron un acuerdo por el cual aceptan un recorte del 50% en el ítem de presentismo, a cambio de algunos días más de postemporada, luego de que la empresa anunciara que dejaba de trabajar el 21 de marzo pasado. Ahora obtuvieron algunos días adicionales: serían 14 en abril y 15 en mayo, lo que suma 29 días, “cuando siempre fueron 40 días”, se lamentó el dirigente, quien aseguró que el acuerdo fue posible “por la necesidad que tiene la gente de seguir trabajando”.
Luego de varias idas y vueltas, de que Moño Azul suspendiera todo el personal y hasta amagara con dejar de producir para trasladarla a otros galpones, llegó la presión: “Nos dijeron que, si queríamos trabajar en la postemporada, teníamos que hacer un arreglo nuevo por la productividad, para ganar la mitad de lo que veníamos ganando”.

Para Lagos, “fue como un chantaje, porque nos ofrecieron perder parte de nuestro sueldo a cambio de unos días más de postemporada, que serían ahora en abril y mayo. Son días que siempre se trabajaron, pero la empresa, como no tiene obligación de llamarnos, nos puede presionar con eso”.
Las autoridades municipales se interesaron en el conflicto por el impacto social que podía causar y ante el recrudecimiento de la protesta. En ese marco, la empresa envió una nota en la que aclaraba que se encontraba en “un proceso de negociación para rediscutir el convenio de productividad vigente en dicho establecimiento”.
Se trata de un acuerdo firmado en el año 2002, en medio de una seria crisis laboral. Según explicaron desde Moño Azul, “si bien sus valores se han actualizado conforme a los incrementos salariales acordados en paritarias, su estructura ha quedado desactualizada a partir de los cambios operativos incorporados en los últimos años, principalmente vinculados a la incorporación de tecnología, en la que la empresa ha invertido de manera sostenida”.
Como la empresa tiene otros galpones de empaque, como los de Vista Alegre y Lamarque, los trabajadores temieron que se trasladara la fruta para “terminarla” en esas sedes. Este temor era conocido en el municipio, y la empresa sostuvo que “la asignación de fruta a los distintos establecimientos responde a criterios de eficiencia y competitividad”.
El salario del embalador está fijado en $2.075.000, que de bolsillo representa poco más de 1,8 millones. La productividad, según los casos, es un ingreso adicional de aproximadamente 1 millón de pesos. El mínimo para acceder al salario son 90 cajas de pera y 100 cajas de manzana en un turno de 8 horas. Lo que se produzca por encima de ese piso se computa como productividad. Los trabajadores pueden llegar a 140 bultos o incluso 190, dependiendo de la máquina y del tamaño de la fruta a procesar.
Sobre la propuesta que finalmente avalaron los trabajadores, Lagos se lamentó: “Nadie quiere que le bajen el sueldo, porque es lo que uno gana, pero también se entiende, porque ellos juegan con la necesidad de la gente”. Agregó que “cuando te suspenden y uno está en la casa, parece que los gastos son mayores”. Y sumó otro factor clave que influyó en la firma del acuerdo: “Ya no se puede protestar como antes”.
INFOGREMIALES
