La curtiembre de los Galperin extendió el Procedimiento Preventivo de Crisis hasta mayo y hay alarma entre sus más de 500 operarios

La empresa Sadesa, propiedad de la familia Galperin, extendió el Procedimiento Preventivo de Crisis hasta mayo, con un esquema salarial reducido. Luego de ese plazo, evalúan despidos y suspensiones en medio de la caída del sector. Son más de 500 familias las que se mantienen en alerta.

 

 

La crisis del sector del cuero vuelve a golpear con fuerza a una de sus principales empresas. Se trata de Sadesa, la curtiembre vinculada a la familia de Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre. De hecho se conoció que extendió el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) y su sobrevida mantiene en vilo a cientos de trabajadores ante la posibilidad de despidos en los próximos meses.

El acuerdo, renovado a comienzos de marzo ante la Secretaría de Trabajo de la Nación, garantiza un período de estabilidad laboral hasta mayo. Durante ese lapso, la empresa se compromete a no avanzar con despidos ni suspensiones, mientras aplica un esquema especial para reducir costos en un contexto adverso.

Como parte del entendimiento, los trabajadores pasaron de percibir un salario 100% no remunerativo a un esquema mixto: actualmente, el 70% del sueldo se paga bajo modalidad no remunerativa y el 30% restante con aportes. Esta medida implica un alivio para la empresa, aunque reduce el impacto de los aportes en los ingresos de los empleados.

La curtiembre de los Galperin extendió el Procedimiento Preventivo de Crisis hasta mayo y hay alarma entre sus más de 500 operarios

Sin embargo, el horizonte inmediato genera preocupación. Una vez finalizado el blindaje del PPC, la compañía analiza despedir al menos a 100 trabajadores y suspender a otros 200 como parte de un proceso de reestructuración interna. Incluso el PPC habilita a pagar indemnizaciones reducidas por lo que la preocupación es extrema.

La incertidumbre se profundiza con la posibilidad de que parte de la producción sea trasladada a países como Tailandia o Vietnam, donde los costos operativos resultan más competitivos. Esta alternativa encendió las alarmas en las plantas locales.

Uno de los focos más sensibles es la planta de Esperanza, en Santa Fe, donde la situación social es cada vez más compleja. Allí, cientos de trabajadores dependen de la continuidad de la actividad en un contexto marcado por la caída histórica del sector, que pasó de facturar unos 1.000 millones de dólares en 2012 a cerca de 100 millones en la actualidad.

 

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