Los militares, con Martínez de Hoz a cargo de Economía, desplegaron un plan que paralizó el aparato productivo, provocó un fuerte endeudamiento y habilitó la dependencia externa.
La política económica que desplegó la última dictadura militar desde el 24 de marzo de 1976, tuvo como principal consecuencia la destrucción del aparato productivo argentino. Bajo la idea de que “el fin justifica los medios”, a sangre y fuego, Argentina fue el segundo país del mundo en aplicar el modelo neoliberal: de la industrialización nacional peronista a la financiarización y renta deseada por una parte del empresariado en complicidad de los militares mandados a terminar con la organización sindical.
La crisis económica precedente
El antecedente inmediato a la implementación de la economía de la dictadura se encuentra en lo que se denominó “Rodrigazo”. La dirigencia empresaria que impulsó el Golpe -sostiene el libro El Rodrigazo, de Néstor Restivo y Raul Dellatorre- tiene como uno de los principales protagonistas a un hombre poco nombrado: Rizardo Zinn. En 1975, la Confederación General Económica (CGE) estaba fracturada por sectores que la boicotearon desde adentro. Uno era conducido por José Alfredo Martínez de Hoz, por entonces titular de Acindar. Este grupo buscaba terminar con el proceso de sustitución de importaciones, el crecimiento de los salarios y el empleo, y principalmente con la relevancia de los sindicatos en las decisiones políticas. Ese mismo año, en junio, Celestino Rodrigo asume como ministro de Economía, secundado por Zinn. Este último fue “el verdadero responsable del Rodrigazo”. De trabajar como asesor de empresas, pasó a la gestión pública para implementar un shock de ajuste: 100 por ciento de aumento en el precio del dólar, 180 por ciento en el de las naftas y entre 40 y 75 por ciento en el de las tarifas. Todo en solo un día. El mes anterior, las paritarias se habían firmado por 35 por ciento. Ya para el segundo semestre, con la apertura al comercio exterior, la balanza comercial quedó dada vuelta y la inflación se aceleró. Este movimiento fue definitivo para el desmoronamiento del Gobierno de María Estela Martínez de Perón. Llamativamente, relatan Dellatorre y Restivo, mientras gran parte de los integrantes del Ejecutivo fueron apresados cuando los militares asaltaron el Poder Ejecutivo, Zinn permaneció libre y terminó como jefe de asesores de Martínez de Hoz. A cinco meses del Golpe, el propio Zinn publicó el libro La segunda fundación de la república, donde aseguró que su paso anterior por Economía permitió “asfaltar el camino para que llegara el Gobierno militar y volviera a salir el sol en la patria”.
La carrera de Zinn mantuvo coherencia en la destrucción de la economía nacional. Cuando regresó a la actividad privada se desempeñó como director del Banco de Italia y Río de la Plata y como presidente de Sevel, del Grupo Macri. En los 90´ fue el segundo de María Julia Alsogaray en el proceso de las privatizaciones de Entel y Somisa. Finalmente pasa al directorio de YPF para entregarla al sector privado. Murió en un accidente de avión cuando estaba desarrollando estas operaciones.
Un golpe contra la estructura industrial y sindical
La sociedad peronista existía con o sin Perón. El antiperonismo había intentado asesinar al líder, masacrado al pueblo en Plaza de Mayo durante los bombardeos, lo habían proscripto, prohibieron decir su nombre y así todo la comunidad sostenía el legado. Entonces, quienes perpetraron el Golpe se plantearon que para destruir al peronismo y sus concepciones se requería un cambio social radical, una batalla cultural que transformara de raíz la identidad del pueblo. Para cumplir con ese propósito, concluyeron que era fundamental minimizar el poder del sindicalismo. “El problema es el tipo de sociedad que estamos apostando a construir, se preguntaron, porque si queremos un modelo industrialista, mercado internistas, eso va a implicar sindicatos poderosos, puja distributiva y salarios altos. Es decir, las columnas que vectorizan al peronismo”, señaló a Página/12 Julián Zícari, autor del libro Martínez de Hoz. El jefe civil de la dictadura.
Para llevar a cabo el quiebre social, en lo que la cúpula militar denominó como Proceso de Reorganización Nacional, ejercieron dos estrategias -plantea Zícari-. Una el terrorismo de Estado, con secuestros, torturas, asesinatos, desaparición de personas y robo de indetidad; y la otra “como obsesión central, destruir al sindicalismo para modificar la base de la economía argentina y volver a una sociedad pre-peronista”, señaló el también investigador del Conicet, economista, historiador, psicólogo, magister, doctor y filósofo.
Según confesó el genocida Jorge Rafael Videla, la finalidad del Golpe, con respecto al peronismo, era “salir de una visión populista, demagógica; con relación a la economía, ir a una economía de mercado, liberal. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario”. Lo declaró en el marco de una entrevista con el periodista Ceferino Reato, antes de morir en una cárcel común tras ser juzgado por los crímenes cometidos, que justificó hasta el final de sus días y de los cuáles nunca dio información. El testimonio da cuenta de la obsesión contra los trabajadores organizados y contra los empresarios que defendían la producción local.
Durante el período que va desde 1976 hasta el triunfo de la democracia, la gestión económica neoliberal provocó el cierre de más de 20 mil empresas debido a las políticas de apertura económica, de atraso cambiario, de contracción de los salarios y destrucción del mercado interno y de encarecimiento del crédito. Con Martínez de Hoz a cargo de Economía, quebraron “tres de los cinco bancos más importantes del país, también las empresas más grandes y representativas, y el campo fue uno de los más perjudicados”, señaló Zícari.
La receta, escrita en otro idioma, que aplicó la dictadura incluía:
- La apertura importadora, que habilitó el ingreso a una avalancha de productos importados y desarmó la producción nacional. El argumento: fomentar la competencia. Una propaganda reproducida hasta al cansancio mostraba como las sillas que llegaban de afuera eran mejores porque las fabricadas en argentina se rompían con facilidad.
- Desregulaciones en sectores clave, como el tipo de cambio, estimulando la devaluación de la moneda nacional; las tasas de interés -que al trepar por encima de las posibilidades impidieron el acceso al crédito e impulsaron el sesgo financiero y anti industrial del período. Convenía más poner dinero en plazos fijos con tasas altísimas que producir. El argumento: el mercado puede regular mejor la economía.
- Destrucción del poder adquisitivo de los salarios y con ello del mercado interno. Con paritarias a la baja, inflación y el miedo que paralizaba las luchas, también creció la pobreza. El argumento: el disciplinamiento de las fuerzas sociales que habían “generado el caos”.
- Precarización laboral, paritarias a la baja, aumento del desempleo y la desigualdad. Con la persecución a los sindicatos y la desaparición de delegados y trabajadores -muchas veces en complicidad entre los dueños de las fábricas y los militares- las posibilidades de discutir salarios estaban anuladas. Y las de frenar despidos y cierres, también. El argumento: los sindicatos impiden el desarrollo.
- Estímulo a la dolarización de activos y del patrimonio de las elites. Favorecidas por el tipo de cambio y el modelo de especulación y renta. La etapa del dólar barato también se conoció como plata dulce: incentivos a la importación y a los viajes al exterior. El argumento: derruir la moneda nacional, entretener a la clase media y contentar a los grupos económicos poderosos. En este caso, cuando todo estalló, además resultaron beneficiados por la estatización de las deudas de sus empresas. El sector público absorbió la crisis de Macri, Techint, Soldati y Fortabat, entre otros.
- Endeudamiento y dependencia: la deuda antes del Golpe ascendía a 7.800 millones de dólares. Cuando finalizó la dictadura genocida, la cifra se incrementó a 45.000 millones de dólares: un incremento del 364 por ciento en apenas 7 años. El argumento: los préstamos externos facilitarían el desarrollo.
“En la reconfiguración económica estructural, la conducción de la dictadura fue perdiendo interés por la industria fue en pos de otros temas como el programa antiinflacionario, el déficit fiscal, la reforma financiera, el endeudamiento y la desintegración de centros fabriles para poder atacar con más facilidad al sindicalismo”, analizó Zícari.
Uno de los relatos de la época anunciaba: las empresas que no se quieran adaptar van a tener que cerrar, las que no sean competitivas tendrán que reconvertirse. “Entonces hay una idea de achicar el aparato productivo, pero eso es contradictorio con un elemento central de la política económica dictatorial que era la prohibición de que hubiera desempleo alto. No podían destruir todo porque tenían terror a una eventual respuesta social. Repetían una frase a coro: ´cada desocupado es un subversivo en potencia¨”, agregó el especialista a este diario.
En términos económicos, cualquier semejanza del modelo militar con la gestión de Javier Milei, es pura realidad.
“Cualquiera que quiera estudiar el presente tiene que estudiar a Martínez de Hoz porque es el padre de Menem, Macri y de Milei. Incluso Martínez de Hoz encontró sus propios límites porque los militares no le permitieron ni avanzar con privatizaciones, ni generar desempleo masivo”, remarcó Zícari.
Continuidad del modelo Martínez de Hoz en democracia
La matriz central de la política económica de Milei, “la han repetido el menemismo, La Alianza y Mauricio Macri. De hecho, las personas son las mismas: en los noventa Domingo Cavallo, en el 2001 Cavallo con Federico Sturzenegger; en el de Macri, Sturzenegger con Luis Caputo y en la actualidad Caputo y Sturzenegger. En los últimos cincuenta años, tres o cuatro gestiones insistieron exactamente con lo mismo: el modelo económico de la dictadura”, advirtió.
El discurso liberal se reitera para sostener el modelo. Ese que señala en el déficit fiscal todos los problemas de la economía y que reparte culpas entre empresarios, trabajadores y sociedad respecto a la responsabilidad en la catástrofe por no manejar bien los recursos o no saber reconvertirse.
La narrativa y el plan en economía fueron calcados punto por punto del legado de Martínez de Hoz.
“El objetivo central de la dictadura fue desperonizar, separar de su identidad peronista a las masas, sobre todo debilitar al sindicalismo en su rol político para cambiar las relaciones de poder. Para ello aplicaron el programa represivo con el terrorismo de Estado y genocidio, y por otro el quiebre económico. De hecho, en la primera elección después de la dictadura el peronismo va a ser derrotado en las urnas. Recordemos que en 1973 Perón había ganado con el 65 por ciento de los votos. Diez años después, dictadura mediante, el peronismo saca el 40 por ciento. También es necesario ver que el peronismo utilizó como estrategia de supervivencia la desindicalización. Ya no va a haber intendentes, gobernadores, miembros de gabinete, etc, de origen o cercanos al sindicalismo. Y el sindicalismo era central en el peronismo. La dictadura entonces reconfiguró a la sociedad y sobre todo al peronismo, que era su interés primario”, concluyó Zícari.
FUENTE PAGINA 12
