Un informe de la Fundación Encuentro reveló que un repartidor de aplicaciones necesita completar 453 entregas mensuales para cubrir la Canasta Básica Total de un hogar de cuatro integrantes, y 147 para no caer en la pobreza como individuo. El cálculo no descuenta combustible ni mantenimiento. En un contexto de desocupación del 7,8% e informalidad del 44,2%, el delivery funciona como refugio laboral o ingreso complementario para trabajadores cuyo salario no garantiza la subsistencia.
El trabajo en aplicaciones de delivery exige un esfuerzo cada vez mayor para cubrir necesidades básicas, en un contexto donde los ingresos por pedido se mantienen congelados o crecen por debajo del costo de vida. Según el Coeficiente de Alcance de Pedido Promedio de la Fundación Encuentro, en marzo de 2026 un repartidor necesitó completar 453 entregas para alcanzar la Canasta Básica Total de un hogar de cuatro integrantes. Para una persona sola, el piso se ubicó en 147 pedidos mensuales.
El cálculo parte de una remuneración media de $3.165,20 por entrega, sin considerar propinas ni descontar los gastos operativos que debe afrontar cada trabajador: combustible, mantenimiento del vehículo, telefonía y otros insumos. Eso significa que las 453 entregas representan un piso teórico, y el esfuerzo real necesario para sostener un hogar es aún mayor. Según el informe, un alquiler promedio requiere 250 viajes mensuales, mientras que el costo de crianza de un niño demanda 175 entregas adicionales.

La estabilidad del índice durante el primer trimestre de 2026 esconde un deterioro más amplio. La canasta total individual pasó de 140 a 147 entregas, la alimentaria subió de 63 a 67, y el costo de crianza aumentó de 170 a 175 pedidos. Esta evolución responde al comportamiento desigual de las plataformas: Rappi mantuvo congelado el valor por viaje desde octubre de 2025, mientras que PedidosYa elevó su promedio de $3.659 a $3.924 en marzo, empujando el indicador general de $3.033 a $3.165. Cuando las empresas no actualizan el pago, cada aumento del costo de vida se traduce en una mayor cantidad de pedidos necesarios para obtener el mismo ingreso.
El modelo laboral de las aplicaciones está bajo revisión judicial. Rappi y PedidosYa consideran a los repartidores trabajadores independientes, negándoles derechos como vacaciones, aguinaldo, aportes jubilatorios o cobertura por accidentes. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo bonaerense aplicó multas por no registrar a sus trabajadores, y la Suprema Corte provincial mantuvo vigentes buena parte de esas sanciones en abril, reforzando el cuestionamiento al modelo de contratación. El conflicto gira alrededor de quién organiza la actividad, fija la remuneración y controla el desempeño.
El crecimiento del delivery no puede separarse del deterioro del mercado laboral. En el primer trimestre de 2026, la desocupación alcanzó el 7,8% y la informalidad llegó al 44,2% de los ocupados, dos puntos por encima del año anterior. Las aplicaciones ofrecen una entrada rápida, pero sin garantías colectivas para actualizar ingresos. El repartidor queda en la intersección de ambos problemas: reduce la desocupación visible, aunque dentro de un universo de informalidad que le traslada buena parte de los costos, la incertidumbre y los riesgos de una actividad que, según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, concentra el 46% de las víctimas fatales en siniestros viales.
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