Un relevamiento del INDEC reveló que la insuficiencia de demanda interna se consolidó como el principal obstáculo para la producción manufacturera, al ser señalada por el 54% de los empresarios. La cifra creció respecto al 52,1% de tres meses atrás y duplica con creces a la competencia de productos importados, que fue mencionada por apenas el 9,9%. Las expectativas para el último trimestre del año anticipan menos pedidos y un nuevo golpe al empleo industrial.
La industria manufacturera argentina atraviesa un cierre de año crítico, con la falta de compradores como el factor que más condiciona su actividad. Según el relevamiento “Tendencia de Negocios, industria manufacturera” que el INDEC difundió este martes, el 54% de los empresarios y directivos del sector respondió que “la demanda interna insuficiente” es el factor más importante que limita el aumento de la producción. El dato no es un pico aislado: tres meses antes, la misma respuesta había alcanzado al 52,1%, lo que confirma que, lejos de descomprimirse, la falta de ventas se consolidó como el obstáculo central que declaran las propias compañías. El segundo factor elegido por los industriales queda muy lejos: apenas el 9,9% señaló a la competencia de productos importados como el problema principal, una brecha de más de 44 puntos que marca dónde está puesta la preocupación del sector.
Las expectativas para el último trimestre del año tampoco son alentadoras. Para el período octubre-noviembre-diciembre, el 24,3% de los industriales espera que los pedidos de demanda interna disminuyan, mientras que solo el 12,7% cree que aumentarán. En otras palabras, son casi dos los que ven menos ventas por cada uno que ve más. Esta perspectiva se enmarca en un contexto de caída sostenida de la actividad: en agosto pasado, el índice de producción industrial manufacturero registró una caída del 3,2% respecto a igual mes de 2025, y el acumulado enero-agosto de 2026 disminuyó un 2,7% en la misma comparación, según los datos del INDEC.

El dato que más incomoda aparece en las intenciones de contratación. El 13,9% de las empresas prevé reducir su dotación de personal en los próximos tres meses, contra apenas el 4,9% que planea aumentarla. Es decir, por cada compañía que piensa sumar trabajadores hay casi tres que evalúan despedir o no reemplazar vacantes. Para el especialista Diego Coatz, esta brecha “muestra con claridad la debilidad actual de la demanda de trabajo industrial”, en un escenario donde las empresas enfrentan presión sobre sus costos, dificultades financieras y una mayor competencia importada. La percepción sobre la propia situación empresarial también es negativa: el 29,1% de los industriales la considera “mala”, apenas el 6,6% la califica como “buena” y el 64,3% la evalúa como “normal”. En cuanto al acceso al crédito, el 30,1% lo considera “difícil”, frente a un 6,3% que lo ve “fácil”.
El panorama se agrava si se observa la evolución de la cartera de pedidos: el 48,4% de las industrias considera que sus pedidos están por debajo del nivel normal, lo que refleja una debilidad estructural de la demanda que no se limita a un mes en particular. En cuanto a las exportaciones, el 35,7% las ubicó “por debajo de lo normal”, mientras que solo el 4,9% las situó “por encima”, lo que confirma que el frente externo tampoco ofrece un alivio para el sector. La combinación de una demanda interna deprimida, un comercio exterior sin impulso y un empleo en retracción configura un escenario de estancamiento que, según los propios protagonistas, no encuentra un piso en el corto plazo.
La crisis industrial no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un proceso más amplio de destrucción de empleo y cierre de empresas que golpea a todo el entramado productivo. Con un 54% de las empresas señalando la falta de demanda como su principal problema y un 13,9% planeando recortar personal, las perspectivas para el cierre de 2026 anticipan un agravamiento de la situación. Mientras el Gobierno nacional celebra la baja de la inflación y el equilibrio fiscal, la economía real sigue mostrando signos de debilidad que se traducen en menos producción, menos puestos de trabajo y una creciente incertidumbre para miles de familias que dependen de la industria para vivir.
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