La histórica textil catamarqueña Sabri, proveedora de Zara y Puma, despidió a 80 trabajadores mediante mensajes de WhatsApp en medio de una crisis que ya dejó a la industria con 330 fábricas menos en un año y una caída del 25,6% en la producción. La empresa atribuyó la medida a la caída del consumo, el aumento de las importaciones y la desaparición de proveedores locales, mientras los trabajadores denunciaron la informalidad del mecanismo y las precarias condiciones laborales previas.
La empresa Sabri, proveedora de marcas internacionales como Zara y Puma, redujo drásticamente su planta en Recreo y dejó en la calle a decenas de familias. Los trabajadores denunciaron que las cesantías se comunicaron mediante mensajes de WhatsApp en lugar de telegramas formales, una modalidad que calificaron como un intento de «eludir la vía legal».
Sabri, fundada en 1984 y uno de los principales motores económicos de la localidad catamarqueña, llegó a emplear a más de 350 personas en sus mejores años. Según trascendió, la fábrica pasó de tener unos 140 trabajadores a mantener apenas 30 empleados activos tras la última ola de despidos. La decisión se enmarca en un plan de reorganización que la empresa atribuye a la caída del consumo, el aumento de las importaciones y la desaparición de proveedores nacionales de hilados.
La forma en que se comunicaron los despidos generó un fuerte rechazo. Los trabajadores recibieron la notificación por WhatsApp, un canal que los abogados de los cesanteados cuestionaron por considerar que busca «ganar aire contable» al evitar el telegrama laboral formal. A esto se sumaron denuncias por condiciones laborales deficientes, demoras en el pago de salarios y metas de producción excesivas que ya venían arrastrándose desde hacía meses.
Ante la repercusión, la empresa emitió un comunicado firmado por Martín Brieva, representante del directorio, en el que descartó un cierre definitivo de la planta. «Queremos ser claros: el cierre no es hoy una decisión adoptada ni el objetivo que persigue esta empresa», afirmó la firma, que definió los despidos como una «medida de reorganización profundamente dolorosa». La empresa también señaló que los plazos de cobro de las grandes cadenas comerciales, de entre 30 y 90 días, afectaron gravemente su liquidez.
El caso de Sabri no es un hecho aislado. La industria textil argentina atraviesa una crisis profunda: en el último año cerraron 330 fábricas, la producción cayó un 25,6% interanual y se perdieron 15.468 puestos de trabajo formales. El sector opera apenas al 42,2% de su capacidad instalada y la inversión en maquinaria se contrajo un 28% en el primer semestre. Mientras los trabajadores cesanteados aguardan una audiencia de conciliación en el Ministerio de Trabajo de Catamarca, la incertidumbre persiste en Recreo, donde los empleados temen que estos despidos sean solo la primera etapa de una reestructuración más amplia.
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